Edipo *Mito*

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Edipo *Mito*

Mensaje  Invitado el Lun Mar 30, 2009 5:41 pm

El verdadero mito tebano se constituye alrrededor de la legendaria figura de Edipo. Acerca de este héroe se ha escrito exhaustivamente. Incluso en nuestro tiempo sigue viva su influencia a través de la literatura, la medicina, la psicología y, en general, la cultura pues ¿quién no ha oído hablar, por ejemplo, del "complejo de Edipo"?

Ya Homero, en su obra la "Odisea" y por boca de Odiseo, que baja al mundo abisal del Tártaro, nos describe el drama de Edipo y de su madre: "Y vi además a la madre de Edipo, Epicaste o Yocasta, que sin apercibirse, cometió una gran falta, casándose con su hijo; cuando éste, después de matar a su propio padre, la tomó por esposa. Enseguida los dioses revelaron a los mortales lo que había ocurrido y, con todo, Edipo, si bien tuvo sus contratiempos, siguió reinando sobre los cadmeos en la agradable Tebas, por los perniciosos designios de las deidades. Sin embargo, la madre, abrumada por el dolor y vencida por la desesperación, fuese a la morada de Hades, de sólidas puertas, atando un lazo al elevado techo".

En cuanto a la gestación del mito de Edipo, todo comenzó en Tebas, "la ciudad de las siete puertas". Antes de que Edipo fuera concebido, sus padres se sentían muy afligidos porque, no obstante haber puesto todos los medios, aún no tenían descendencia. Decidieron, entonces, consultar al oráculo y su respuesta los llenó de perplejidad y temor: "Sobre vosotros se ceñirá la más cruel de las desgracias si llegarais a tener un hijo, pues está escrito que éste matará a su padre y se casará con su propia madre".

Pasó el tiempo y Layo y Yocasta tuvieron su primer hijo; entonces se acordaron de la advertencia del oráculo y Layo, a pesar de que había deseado por todos los medios tener descendencia, mandó a uno de sus mejores y más fieles vasallos que llevara al niño al monte Citerón y lo matara. El servidor, abrumado por la orden recibida de su amo, condujo al niño hasta el lugar antedicho pero no lo mató, sino que lo ató por los pies a un árbol, de aquí viene el nombre de Edipo, que en griego significa "el de los pies hinchados", y se alejó del lugar con apesadumbrado semblante. Los llantos y gemidos del niño fueron oídos por un pastor que no lejos de allí guardaba los rebaños del rey de Corinto. El hombre se acercó hasta el árbol fatídico y con gran premura libró al niño de toda atadura y lo llevó con él hasta la corte de su amo; una vez aquí se lo presentó a Polibio, que a la sazón gobernaba la ciudad de Corinto. Este y su esposa adoptaron al niño, ya que no habían tenido hijos, y lo criaron con ternura y cariño, y le pusieron por nombre Edipo. El tiempo pasaba y el niño se hizo joven; su destreza en los juegos gimnásticos, y su fuerza y valor, causaban admiración entre sus compañeros y amigos. Pero, en una ocasión, tuvo una pelea con otros muchachos de su misma edad y uno de ellos, envidioso de las cualidades de Edipo, lo insultó de manera muy especial, ya que le echó en cara que él no era hijo de los reyes de Corinto. En cuanto Edipo oyó tal aseveración corrió a palacio y, una vez en presencia de quienes hasta entonces había tenido por sus progenitores, les inquirió para que le sacaran de dudas. El rey de Corinto le confesó todo lo que sabía de él y Edipo, consternado, partió para Delfos a preguntarle al oráculo cuál era su verdadero origen. La respuesta que el joven escuchó por parte del oráculo lo sumió aún más en la desesperación pues, en realidad, nada concreto se desprendía de una predicción tan terrible como aquélla: "no retornes jamás a tu país natal si no quieres ocasionar la muerte de tu padre y casarte con tu madre". Desde entonces, Edipo decidió no volver más a Corinto, pues consideraba que allí estaba su patria y, por lo demás, aún no se hacía a la idea de que quienes habían sido hasta ahora sus bienhechores, no fueran también sus progenitores.

Pero la fatalidad quiso que Edipo se encontrara en el camino de vuelta con unas personas que le ordenaron, con modales bruscos, que se apartara. El joven, que aún no se había repuesto de su reciente consternación y que, por lo mismo, todavía se hallaba un poco trastornado, no pudo soportar la arrogancia de aquellos desconocidos y se enfrentó a ellos. En la refriega perdió la vida el más anciano de todos que, era el propio padre de Edipo. Parte de la profecía del oráculo se había cumplido, aunque el joven aún lo ignoraba y, por ello, siguió su camino con la intención de encontrar, en algún lugar, pruebas o datos de la existencia y personalidad de sus verdaderos padres.

Por entonces, Ia ciudad de Tebas, que ya se había quedado sin rey, pues se decía que un forastero le había asesinado sin causa justificada, y todos sus habitantes se sentían atemorizados por un extraño monstruo que asolaba aquella comarca y al que denominaban la Esfinge. Todos los días se cobraba una nueva víctima el horrendo animal pues, desde lo alto de una colina, esperaba a los viajeros para proponerles la resolución de un enigma. Si el caminante increpado por la Esfinge no era capaz de resolverlo, el horrendo monstruo lo devoraba al instante. Un gran número de tebanos había sucumbido ya ante sus garras por lo que se tomó la decisión de conceder el trono de "la ciudad de las siete puertas" y la mano de la reina viuda a quien librara a Tebas, para siempre, de la Esfinge.

Edipo, que a la sazón se había adentrado en la región de Beocia con el objeto de llegar hasta la ciudad de Tebas, se vio sorprendido en el camino por una especie de ave de gigantescas alas que tenía la cabeza y las extremidades de una mujer, el cuerpo de un león, la cola cual serpiente y las garras de un felino. Era la Esfinge que, en un santiamén, había retenido al muchacho y le planteaba el siguiente enigma: "¿Cuál es la criatura que tiene cuatro pies por la mañana, dos a mediodía y tres al anochecer y que, al contrario que otros seres, es más lento cuántos más pies utiliza al andar?"

En cuanto el joven Edipo se recobró del susto que le había producido la visión de tan horrible animal, respondió con decisión y seguridad: "¡El Hombre! "

Cuentan las crónicas que, puesto que la respuesta fue correcta, y el enigma resuelto, la Esfinge se tiró a un precipicio desde lo alto de la misma roca en la que solía apostarse para esperar a los incautos viajeros. Nunca más se supo de ella y Edipo se convirtió al instante en un héroe celebrado por todos los ciudadanos tebanos. Se casó con Yocasta, la reina viuda, y accedió al trono de Tebas. Ya estaba cumplida la predicción del oráculo en su totalidad pues la esposa de Edipo era su verdadera madre. Y, aunque el joven héroe no lo sabía, los dioses, que conocían el verdadero origen de Edipo y las causas por las que había sido separado, apenas recién nacido, de los suyos, pronto mostrarían su ira ante el incesto que se acababa de producir entre dos mortales que eran madre e hijo.

Transcurrió el tiempo, no obstante, y apenas acontecimiento novedoso alguno venía a turbar la paz de los tebanos. Yocasta había engendrado cuatro hijos de Edipo, dos varones, Etéocles y Polinice, y dos mujeres: Antígona e Ismene.

Más, aunque tarde, los dioses permitieron que la calamidad visitará a la región de Beocia. Una enfermedad incurable comenzó a hacer mella en la población de Tebas. Nada podían contra esta peste ni la ciencia ni los sacrificios a los dioses; hombres, mujeres y animales morían indiscriminadamente. Consultado el oráculo, con el fin de hallar la causa de tanto daño, éste informó a los ciudadanos de Tebas lo siguiente: "La desolación y la muerte se alejarán de la "ciudad de las siete puertas" cuando el asesino de Layo, vuestro anterior rey, sea expulsado de Tebas". En cuanto los mensajeros de Edipo le comunicaron la respuesta del oráculo, el joven rey se apresuró a ordenar una investigación minuciosa sobre todos los pormenores que rodearon la muerte del anciano Layo y, hasta él mismo, se dispuso a visitar al adivino más prestigioso de la época, es decir, al ciego Tiresias. Este se negaba, en principio, a responder a las preguntas de Edipo pero, en cuanto se le advirtió que podría sobrevenirle un cruel castigo si persistía en su silencio, no tuvo más remedio que desvelar todo lo que sabía. Y, de este modo, Edipo se enteró de que él mismo había matado a su padre y, además, se había casado con su madre. Enseguida se sintió ruin y despreciable, y tan indigno de ver la luz, que se automutiló clavándose alfileres de bronce en sus ojos. A continuación fue expulsado de Tebas por sus propios hijos y sólo Antígona le acompañó y le guió hasta Colona, en la región del Atica. Aquí le esperaba, no obstante Teseo que acogió con hospitalidad a Edipo y a su abnegada hija Antígona. En cuanto a Yocasta, sintió tales remordimientos por haberse desposado con su propio hijo, y le asaltó tal horror ante las consecuencias de tan horrible acto, que se ahorcó con un cordón que previamente había amarrado a una viga de las salas palaciegas.

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