Atenea-- 2da parte

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Atenea-- 2da parte

Mensaje  Invitado el Lun Mar 30, 2009 6:29 pm

Como podría desprenderse de su insólita forma de nacer, del cráneo de Zeus, se asociaba especialmente a Atenea con las actividades de la cabeza: rivaliza con su padre en sabiduría y con su madre, Metis, en cuanto a inteligencia astuta. De hecho uno de sus símbolos era la lechuza porque es la más inteligente de las aves. Y Atenea dedica esta capacidad a pensar en pro de su pueblo. Se le atribuyen invenciones de todo tipo, pero siempre industriosas, desde el arado y el yugo que va a uncir a las bestias, al aparejo de un carro o de ese arado, pasando por instrumentos musicales como la corneta metálica y marcial o la flauta.

Hay autores que afirman que Atenea, para inventar la flauta, se inspiró en los lamentos de las Gorgonas tras la muerte de Medusa, mientras que otros cuentan que intentó imitar el extraño silbido que emitió Medusa cuando le cortaron la cabeza. El caso es que a ella le encantaba el sonido de la flauta hasta que un día, mientras la tocaba, vio el reflejo de sus facciones distorsionadas y arrojó disgustada el instrumento, maldiciendo a quien lo recogiese, que no fue otro que el sátiro Marsias.

También será Atenea quien diseñe los vehículos terrestres o los marinos. Y no contenta con ese repertorio de máquinas y de instrumentos, desarrolla: para las mujeres, las artes culinarias, la hilatura y el tejido; para los que quieren conocer los secretos del cálculo, la aritmética; y, para los artesanos, el arte de la alfarería.

Igualmente es la responsable de un invento tan práctico para domar a las caballerías como es el bocado y la brida. Aunque, como no podía ser menos, a Posidón, su rival constante, también se atribuye el invento de la brida para los caballos, aunque muchos autores parece que ratifican que la diosa fue predecesora.

Si se estudian los textos clásicos, aparte de las disparidades sobre su nacimiento, paternidad y sus complicadas relaciones con el resto de los dioses mayores y menores, se ve cómo la lección de la muerte de Palas transforma a la primitiva Atenea, guerrera y decidida, en otra divinidad, a la que le preocupa más la seguridad, la estabilidad y la paz, que las armas y la guerra sin cuartel. Pasa a ser una diosa desarmada, al contrario que Artemisa que va equipada de un arco y seguida por sus lebreles, o sin el porte brillante del uniformado Ares. Atenea se preocupará más por el hogar que por los frentes de batalla y su idea es que la paz se puede lograr, que un acuerdo es mejor que una batalla. De ahí que Atenea actúe siempre con el búho al lado, el pájaro de la sabiduría, y junto al cuervo, que es un ave dotada de una especial inteligencia simbólica.

Por eso, Palas Atenea, a pesar de haber nacido armada y predispuesta a la lucha, es una convencida pacifista, que sólo empuña las armas cuando hay que defender el sagrado suelo propio. Sólo entonces es cuando recurre a su padre Zeus, que está siempre dispuesto a ayudarla y a proporcionarle el arsenal necesario. Atenea únicamente tuvo que recurrir a otro proveedor en la guerra de Troya para no hacer que Zeus incurriera en la contradicción de ser neutral y armar a su hija, en beneficio exclusivo de una de las partes contendientes.

Atenea interviene cuando todos los trámites de conciliación se han cumplido y una vez que todas las sabias propuestas de pacificación se han ignorado. Es entonces cuando la pacífica y equilibrada diosa se equipa al instante y arranca como un huracán al que sólo frena la victoria final que ella representa. Atenea se lanza a fondo y no perdona a nadie entre sus enemigos, a ninguno, ya que ellos han impedido que la paz sea un hecho.

Además, con el paso del tiempo, Palas Atenea acabará siendo el más benévolo de los jueces y de sus labios sólo saldrán proposiciones de absolución para los que están siendo juzgados sin suficientes cargos. Entonces, ante la duda razonable, la gentil dama se convierte en intercesora, en la permanente liberadora del inculpado.

Consta en las crónicas mitológicas, que Atenea ni conoció varón ni se preocupó por ningún mortal, semideidad o dios entronizado en el Olimpo. Sin embargo en su actividad de inventora de útiles como el hilado, el tejido y otros muchos sus celos profesionales fueron tan fuertes como los de una mujer apasionada en el amor. Incluso llegaron a hacerle perder sus templados nervios de acero. El caso fue que Aracne, princesa de Lidia, que era una hábil y primorosa doncella con el telar, elaboró una tela maravillosa que habría de ser su última obra. Atenea tuvo en sus manos el paño de Aracne y, a medida que lo fue examinando su enojo empezó a crecer y crecer, porque el paño de la princesa era hermoso como ninguno que jamás se hubiera visto y tan perfecto como si lo hubieran elaborado los mismos dioses. Ante el delicado dibujo de un Olimpo lleno de cuadros plenos de colorido e intención, en los que se describían las más románticas escenas de sus pobladores, Atenea se sintió humillada y destrozó el paño hasta que lo dejó reducido a harapos. Aracne, dolida o aterrorizada por la crueldad de su rival, se suicidó, ahorcándose del techo.

Sin embargo, la venganza de Atenea sobre Aracne no terminó con su suicidio, sino que la diosa se complació hasta el infinito, haciendo que, a partir de ese momento, la mortal princesa se convirtiera en una araña, cuya tela pasaba a ser un hilo salvador que le permitió desandar el camino de la muerte hasta volver a la vida, aunque, eso sí, con la forma de este insecto tan poco agraciado y aún menos apreciado.

Palas Atenea, la diosa protectora del centro del mundo griego, de Atenas, también se traslada a Roma con el resto del panteón olímpico, para fundirse con el culto a Minerva. Se unen así la cultura más imperial, es decir, más práctica y comercial, con la recia personalidad ateniense. En Roma, Minerva se dibuja en un principio como la divinidad de la inteligencia, del pensamiento y de la memoria. De hecho en los idus de marzo, cuando ya empieza a adivinarse la llegada de la primavera y el mundo resurge, los romanos celebraban cinco días de fiesta en honor de Minerva. La celebración era para todos, pero especialmente para los intelectuales y los artistas, porque la diosa entonces adquiría una nueva y pacífica condición de señora de la sabiduría y del encanto artístico. Para festejarlo, los estudiantes tenían que abonar a sus profesores y maestros la paga, era la época de los "minervales", días impacientemente esperados por los que enseñaban para recibir su siempre escaso salario.

Sin embargo, a medida que Roma va aumentando el número de pueblos conquistados, Minerva va adquiriendo las connotaciones más marciales de Palas Atenea y se aleja del matiz hogareño y pacificador que terminó por adquirir en Grecia. La definitiva Minerva acaba por hacerse siempre presente como una mujer destinada al culto a las batallas, erguida y desafiante, siempre con su casco de guerra, con su escudo y su brazo armado. En su nuevo papel de avanzadilla religiosa del Imperio romano, siempre orgulloso de sus soldados, Minerva se va alejando del estudio y las bellas artes, de la invención de barcos y carros, de los útiles de labranza y de industrias domésticas. La primitiva protectora de las profesiones liberales, la pacífica y sabia Minerva, se queda fuera del contexto de partida y pasa a la lucha permanente. Sólo que en esta nueva faceta ya hay otras divinidades masculinas y femeninas que la ganan en prestigio y en fervor popular y son ellos o ellas quienes ocupan su puesto como tutelares de las faenas domésticas y del trabajo, de la misericordia y de la intercesión pacificadora.

La representación más difundida de Palas Atenea se recoge en la moneda ática y, posteriormente, en la moneda griega. Al principio Atenea es una divinidad que exige estar en solitario, es una diosa estatuaria; por eso es más fácil verla o recordarla como efigie soberbia, como estatua que preside, que como una presencia pintada en un escenario natural. También, aparecen otras estatuas asociadas a ella, como en el caso de la sacerdotisa "Kore", que pregona su importancia y su presencia. Sin embargo, cuando adquiere su carácter griego de diosa tutelar, Palas Atenea podrá encontrarse en estatuillas y relieves, es decir, en formas de menor envergadura, pero que sirven para presidir la casa y representar el compromiso de la diosa con los hogares y con el marco familiar.

El más famoso de los templos griegos, el Partenón ateniense fue construido entre el año 447 y el 438 a.C. por los arquitectos Calícrates e Ictino, bajo la supervisión del escultor Fidias y consagrado a la diosa protectora de la ciudad, es decir, a Atenea Partena. Y precisamente Fidias será quien cree en el siglo V a. C. los tipos de Atenea de la Prómacos armada, una estatua al aire libre en la Acrópolis, y de la Pártenos de oro y marfil, situada en el interior del Partenón. De hecho, la Atenea armada con la égida, el casco y el escudo, aparece tanto en las Gigantomaquias de la cerámica y de los relieves, como en un frontón de la Acrópolis de Atenas o presidiendo combates míticos en los frontones del templo de Egina. Mientras que en Olimpia las metopas del templo de Zeus la muestran lo mismo armada que si armas, con aspecto grave y juvenil. El tipo así fijado se reproduce en las ánforas áticas llamadas “panatenaicas” y sirvió de modelo para la Minerva romana.

Además, Minerva pasará a ser el símbolo de las empresas pujantes del siglo XIX, rematando edificios y presidiendo, de nuevo en solitario y con majestuosidad incomparable, la actividad de una sociedad industriosa que quiere subirse al tren del progreso. La actividad de Minerva sirve para unir industria y conocimiento, como ya lo hiciera en sus lejanos días originales, allá en la Grecia del esplendor máximo. Minerva pasa a ser un nombre comercial que puede encontrarse en multitud de marcas europeas y americanas casi tantas veces como sus colegas divinos Hermes o Mercurio. Porque es diosa de la acción y de la victoria, de la sabiduría y la prudencia, y de ella no se recuerdan veleidades o desmanes. Minerva se convierte, con la revolución industrial, en la más positiva de las divinidades femeninas, en la que mejor puede moldearse con el bronce industrial.

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