Hermes *Mito*

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Hermes *Mito*

Mensaje  Invitado el Lun Mar 30, 2009 6:38 pm

En la mítica región de Arcadia, evocada por poetas y narradores desde tiempos inmemoriales como escenario idóneo para el desarrollo de una vida bucólica y apacible, nació el dios Hermes. El hermoso lugar estaba considerado, además, como el sitio ideal para que todas las leyendas acerca de lo pastoril, y el encanto de lo rústico, tuvieran allí su perfecto acomodo.

Aunque el suceso que más repercusión tuvo acaecía, precisamente, cuando los dorados rayos del sol dejaban que las sombras de la noche se adueñaran de campos y valles. Era entonces, mientras el sueño envolvía a Hera, “la de los níveos brazos”, tal y como la llamaba el gran narrador Homero, cuando su esposo Zeus acudía presuroso a encontrarse con la ninfa Maya.

En una oscura gruta, oculta por lo accidentado del terreno de esa región del Peloponeso, moraba la ninfa Maya. Se había recluido en tan recóndito habitáculo, lejos del gozoso bullicio del Olimpo, porque según los narradores clásicos no "gustaba del trato de los bienaventurados dioses".

Sin embargo, sorprendentemente sí permitió de buen grado que Zeus, el más mujeriego y caprichoso de entre los dioses y los mortales, la sedujera. Éste, aliándose con la noche, gozaba con asiduidad de los favores y la compañía de Maya, "la ninfa de hermosas trenzas", tal y como la llamaban los autores clásicos.

Hermes fue la consecuencia directa de las escapadas de Zeus y, al poco tiempo de nacer, ya se le conocían ciertas dotes que ni siquiera una persona adulta podría llevar a cabo. De hecho, no faltan estudiosos de la mitología que interpretan la excesiva sagacidad y astucia del dios siempre en relación de causa efecto, por así decirlo, con los diversos avatares que tuvo que realizar el poderoso amo del Olimpo para, volar hacia la oscura gruta de la ninfa Maya y saciarse de su hermosura y belleza, al amparo de las sombras de la noche.

En resumidas cuentas, que puede decirse que Hermes tuvo un buen maestro, nada más y nada menos que a su poderoso padre, en el arte de urdir tramas y resolver imposibles.

Pero además el Himno a Hermes, aparte de ofrecer un humorístico relato del nacimiento del hijo de Zeus y la hija del titán Atlas, Maya, explica que el bebé nació al alba y a mediodía ya había inventado la lira y aprendido a tocarla. Después casualmente se encontró una piel de tortuga y con ella creó la primera cítara, para luego ejecutar un himno erótico en honor de sus padres. Y por si esto no fuera poco, también ese mismo día, pero por la noche, realizó un osado robo que muy bien pudiera valerle el título de patrono, o rey, de los cuatreros.

Hermes saltó sin ayuda de nadie del harnero o criba que su madre usaba como cuna. Y cuando el sol ya se ocultaba en el ocaso, decidió conservar un recuerdo de los valles y tierras por los que había correteado. Así urdió un plan para llevarse los mejores bueyes de la cabaña de los dioses que pastaban por aquellos lugares al cuidado de un guardián excepcional, el mismísimo Apolo. Sólo que en esos momentos algunos narradores explican que Apolo intentaba convencer a una bella ninfa de lo maravillosa que podía ser su compañía y de lo nocivo que resultaba la renuncia a los placeres del amor.

Hermes aprovechó este descuido y la protección que le brindaba la noche para separar rápidamente a los cincuenta mejores bueyes, pues no en vano adquirió fama de sagaz, y los arreó por vericuetos apenas transitados. Pero además, para evitar a sus posibles perseguidores, planeó como ocultar su hazaña. Cuentan los clásicos que obligaba a las reses a caminar "haciendo que las pezuñas de delante marchen hacia atrás y las de atrás hacia adelante, y andando él mismo, al conducirlas, de espaldas". También utilizó métodos tan sofisticados como atar ramas, arrancadas de frondosos árboles, a los rabos de los animales para que, al arrastrarlas por el suelo, borraran las marcas de sus pezuñas.

Cuando ya el día comenzaba a clarear, el insigne ladrón escondió a los animales en una cueva y regresó a su criba para recuperar su apariencia de inocente bebé. Sin embargo, Apolo, que poseía el arte de la adivinación, supo enseguida quien había sido el ladrón y se dirigió hacia el lugar donde el recién nacido era cuidado atentamente por sus padres. Aunque Hermes negó una y otra vez que era el autor, la pericia de Apolo al interrogarle puso en claro la verdad. Viéndose descubierto, Hermes comenzó a tocar la lira que había fabricado y cuando vio que atraía la atención de Apolo se la regaló. Al punto, se hicieron amigos y Apolo le dio a cambio su cayado de oro. Desde entonces éste sería el dios de la música, mientras que su amigo Hermes detentaría la protección de los rebaños y manadas, conocido como "el de áurea vara".

No todas las versiones coinciden en afirmar la maestría y perfección con que Hermes llevó a cabo el robo Hermes del ganado de los dioses; consideran que existió un testigo. Ovidio, basándose en "La Odisea" del insigne Homero, narraba este detalle a propósito del diálogo que mantuvo el centauro Quirón con Apolo:

"Mas, por aquel entonces, tú andabas muy interesado en una aventura amorosa. Portabas una zamarra de pastor y un cayado y una flauta, y apacentabas el ganado de los dioses en los risueños campos de Mesena. Pero, soñando amores que concertabas con una dulce musiquilla, no te diste cuenta de cómo los novillos se te alejaban perdiéndose. Se aprovechó Mercurio / Hermes de tu sueño para robarte el ganado y esconderlo en las entrañas mismas de la Tierra sin que se diese cuenta sino una persona: el viejo pastor Bato, que guardaba las yeguas del rey Neleo.

Mercurio, atemorizado de este testigo, se le acercó y le habló así: "Amigo mío: si cualquiera pasase por aquí y te preguntara si habías visto este ganado, dirás que no. En premio de tu mentira te voy a recompensar con esta hermosa becerra.” Tomando el regalo, respondió Bato: "Podéis iros con tranquilidad. El secreto que me habéis confiado lo sabrá únicamente esta piedra.”

Simuló Mercurio irse y, al poco tiempo, transformado, apareció de nuevo, preguntando al viejo pastor: "Buen hombre, ¿habéis visto pasar por aquí una recua de vacas y novillos?. Yo os ruego que me lo digáis. No debéis favorecer con vuestro silencio a quien me los ha robado. Si me decís la verdad, he de regalaros una vaca y un toro.” El viejo, considerando que se le ofrecía premio doble, no tuvo inconveniente en la traición: "Vuestro rebaño se encuentra por los alrededores de esta montaña.” Mercurio, airado, le dice: "Me has traicionado, viejo fementido. Has querido jugar doblemente. Pero voy a convertirte en la dura piedra que, según tú, sería la única conocedora de mi hurto.”

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Re: Hermes *Mito*

Mensaje  Invitado el Lun Mar 30, 2009 6:38 pm

Siendo también un bebé, Hermes inventó el primer instrumento musical. Para ello utilizó una tortuga que, ajena al peligro que la acechaba, estaba buscando comida entre los hierbajos de la entrada a la cueva donde moraba el pequeño.

Antes de fabricar la cítara con el caparazón de la tortuga, Hermes se deshizo en elogios hacia el galápago quizá con la intención de que se confiara. Llamó su atención con las siguientes palabras: "criatura naturalmente amable, reguladora de la danza, compañera del festín, en feliz momento te me has aparecido gratamente... Tu serás, mientras vivas, quien preserve de los graves y malos sortilegios y encantamientos; y luego, cuando hayas muerto, cantarás dulcemente."

Así ocurrió, ya que Hermes vació con un punzón de acero todo el caparazón de la tortuga, cortó unas cañas, las unió con tripas retorcidas y secas, y, acto seguido, las utilizó como cuerdas bien tensadas. "Entonces -según el Himno a Hermes-, cogiendo el amable juguete que ha construido, ensaya cada nota con el arco y bajo sus manos suena un ruido sorprendente."

Parece tan exagerado que un recién nacido se dedique a los menesteres reseñados, y que su tierno corazón alimente tanta saña, que algunos simbolistas prestigiosos tienen la convicción de que la tortuga aparece, con esta carga emblemática, anteriormente en episodios míticos del extremo oriente. Allí se muestra su caparazón como portador de las líneas que compondrán los trigramas del famoso "Libro de las mutaciones" y los dos principios denominados "Yin" y "Yang". Los caparazones de las tortugas se ponían al fuego para que se resquebrajaran. De este modo, aparecían trazos continuos y discontinuos que, al combinarse, proporcionaban diversos significados. Interpretar todo ese conjunto de símbolos estaba considerado como un verdadero arte.
Además se relacionaba a la tortuga con la tierra y con el cielo, ya que su concha superior, en forma de bóveda, simbolizaba el cielo; y su concha inferior, de figura cuadrada, representaba a la tierra.

La cleptomanía de Hermes le costó, en ocasiones, serios disgustos; uno de los más importantes fue su expulsión del Olimpo, monte paradisíaco rodeado de nubes en el que los griegos creían que vivían sus dioses. Y es que no hubo atributo de deidad alguna que no sufriera la apetencia de Hermes. Cuentan las crónicas que, en cierta ocasión, el dios del Amor, Cupido, no pudo disparar sus dardos certeros porque este ilustre ladrón le había robado el carcaj con todas sus flechas. Tampoco pudo la bella diosa Afrodita hacer realidad el sueño de una de sus conquistas porque le robó el cinturón donde guardaba sus encantos. Estos y otros robos colmaron la paciencia de los dioses del Olimpo hasta que decidieron por unanimidad expulsar a Hermes de tan idílico lugar.

Sin embargo, el poderoso Zeus no tardaría en perdonarlo y en permitirle, de nuevo, que se acomodase en la morada de los dioses. Desde entonces encontraría en Hermes a un fiel servidor. Sin dudarlo ni un instante, Hermes cumplirá todas las órdenes de Zeus por muy desagradables que éstas sean. Tal disposición le ha valido el título de mensajero de los dioses y de implacable ejecutor de la voluntad de Zeus.

Esta reanudada relación con el poderoso rey del Olimpo viene a simbolizar ese doble papel que Hermes juega en muchas facetas de su vida mitológica. Será el portador de la palabra divina a los mortales, pero al mismo tiempo protege las comunicaciones taimadas y corruptas, las mentiras, los falsos juramentos y engaños. Además curiosamente cuando en una conversación sobrevenía un silencio repentino, los antiguos griegos solían decir: “Está pasando Hermes.”

La fidelidad y la falta de escrúpulos con la actúa Hermes a la hora de cumplir los encargos de Zeus harán que el poderoso dios también le trate como su asesor y consejero. De hecho, alguno de los mandatos que ejecute sin pensárselo dos veces Hermes resultarán cuando menos crueles e innecesarios. Entre éstos podemos citar la orden de dar muerte al fiel Argos, que custodiaba, por mandato de la diosa Hera, una vaca que ella había conseguido que su marido le regalara. Claro que el animal no era más que la apariencia que Zeus había hecho que adoptara una de sus amantes para burlar la vigilancia de su esposa Hera. Cuentan algunos autores que Hermes adormeció a Argos contándole cuentos y luego le quitó la vida, haciéndose acreedor de uno de sus títulos más conocidos, “Argiofonte” o, lo que es lo mismo “matador de Argos”.

Lo mismo podemos decir del episodio de Prometeo, a quien Zeus infligió un cruel castigo por medio de Hermes. Y todo porque aquél se propuso ayudar a la humanidad: enseñó a los mortales a curar sus enfermedades, propuso la domesticación de los animales, inventó un alfabeto, introdujo diversos métodos para medir el tiempo y, lo que entonces era más importante, descubrió para ellos el fuego con todas sus implicaciones. De hecho Prometeo ha pasado a la historia de la mitología como el ladrón del fuego de los dioses, porque las deidades le acusaron de ello. Pero ahí no termina todo, sino que Prometeo consiguió que los dioses le envidiaran tanto que Zeus mandó a Hermes que lo encadenara en la cima del monte Cáucaso. Luego enviaría un águila para que por el día le desgarrara sus entrañas; y después de que por la noche se restablecieran de nuevo, al clarear el día, reanudara el águila su tormento.

Pero Hermes también realizará acciones para defender de ciertos peligros a los humanos. Concretamente Homero relata en "La Odisea” la situación en la que se encontraba el héroe Odiseo cuando Hermes decide ayudarle. Odiseo arriba, junto con sus compañeros, en la isla en la que ha fijado sus dominios la hechicera Circe. Este narrador clásico explica que la melodiosa voz de Circe hizo que uno de los grupos que estaba explorando aquellas tierras se sintiera atraído hacia su precioso palacio construido con piedra pulimentada: "En llegando a la mansión de la diosa detuviéronse en el vestíbulo y oyeron a Circe que con voz pulcra cantaba en el interior mientras labraba una tela grande, divinal y tan fina, elegante y espléndida, como son las labores de las diosas." Seducidos por Circe bebieron uno de sus brebajes que les convirtió en cerdos: "Así fueron encerrados y todos lloraban, y Circe les echó, para comer, hayucos, bellotas y el fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra."

Sin embargo, uno de los que iban en el desdichado grupo, de nombre Euríloco, no había entrado en el palacio de Circe, por temor a los leones, lobos y perros amaestrados, que allí se hallaban. Según cuenta el propio Odiseo: "Euríloco volvió sin dilación al ligero y negro bajel, para enterarnos de la aciaga suerte que les había caído a los compañeros. Más no le era posible articular una sola palabra, no obstante su deseo, por tener el corazón sumido en grave dolor; los ojos se le llenaron de lágrimas y su ánimo únicamente pensaba en sollozar. Todos le contemplábamos con asombro y le hacíamos preguntas, hasta que por fin nos contó la pérdida de los demás compañeros.”

Después de reflexionar durante unos instantes, y una vez que hubo escuchado con gran perplejidad y atención el relato del compañero huido, Odiseo decide internarse en el frondoso valle para buscar el palacio de Circe. Es entonces cuando se encuentra con Hermes que, precisamente, se halla en aquel lugar para alertar al héroe sobre los riesgos que puede correr.

Según Homero, Hermes se dirige al héroe Odiseo en estos términos: "¡Ah, infeliz!. ¿Adónde vas por estos altozanos, solo y sin conocer la comarca?. Tus amigos han sido encerrados en el palacio de Circe, como puercos, y se hallan en pocilgas sólidamente labradas. ¿Vienes quizá a libertarlos?. Pues no creo que vuelvas; antes te quedarás donde están ellos. Pero yo quiero preservarte de todo mal, quiero salvarte: toma este excelente remedio, que apartará de tu cabeza el día cruel, y ve a la morada de Circe, cuyos malos intentos he de referirte íntegramente. Te preparará una mixtura y te echará drogas en el manjar, mas, con todo eso, no podrá encantarte porque lo impedirá el excelente remedio que vas a recibir."

El propio Odiseo explica en “La Odisea” de qué remedio se trata: "Cuando así hubo dicho, el dios Hermes me dio el remedio, arrancando de la tierra una planta cuya naturaleza me enseñó. Tenía negra la raíz y era blanca como la leche su flor, llamándola “moly” los dioses, y es muy difícil de arrancar para un mortal, pero las deidades lo pueden todo."

La substancia preparada por Hermes hizo que el héroe Odiseo pudiera conocer todos los ardides de Circe. Él mismo narra lo que sucedió después: "Hermes se fue al vasto Olimpo, por entre la espesura de los bosques de la isla, y yo me encaminé a la morada de Circe, revolviendo en mi corazón muchos planes. Llegando al palacio de la diosa de lindas trenzas, pareme en el umbral y empecé a dar gritos; la deidad oyó mi voz y, alzándose al punto, abrió la magnífica puerta y me llamó, y yo, con el corazón angustiado, me fui tras ella. Cuando me hubo introducido, hízome sentar en una silla con clavos de plata, hermosa, labrada, con un escabel para los pies, y en copa de oro preparome un brebaje para que bebiese, echando en el mismo cierta droga y maquinando en su mente cosas perversas. Más tan pronto como me la dio y la bebí, sin que lograra encantarme, tocome con la vara mientras me decía estas palabras: Ve ahora a la pocilga y échate con tus compañeros. Así habló. Desenvainé la aguda espada que llevaba cerca del muslo y arremetí contra Circe, como deseando matarla."

Gracias a Hermes, Circe fue obligada por Odiseo a devolver a sus compañeros su figura humana. Y todos permanecieron en la isla de la hechicera, agasajados por la hechicera y sus doncellas: "Allí nos quedamos día tras día un año entero y siempre tuvimos en los banquetes carne en abundancia y dulce vino."

Era tal la fama que Hermes tenía de tramposo entre los clásicos, que algunos narradores de mitos interpretaron que esa ayuda que prestó a Odiseo se debía a sus intereses afectivos. Según esta interpretación Circe y Hermes estarían confabulados para retener al legendario héroe y a sus compañeros. De este modo, el astuto dios tenía el campo libre para lanzarse a la conquista de Penélope, la fiel esposa de Odiseo que, a pesar de su prolongada tardanza seguía esperando la vuelta del héroe asediada por numerosos pretendientes que daban por desaparecido para siempre al héroe.

Pero además esta sorprendente versión del mito no acaba ahí con las novedades. En ella Penélope tan sólo habría ofrecido sus favores a uno de los numerosos candidatos y éste no sería otro más que el mismísimo Hermes, el más granuja de entre los dioses y los mortales. Fruto de la unión de ambos nacería el dios Pan, que vino al mundo entre las montañas de la legendaria región de Arcadia, provisto de cuernos y pezuñas para gobernar el reino de la naturaleza silvestre en la Tierra.

Semejante suceso obligaría a cuestionar la fama de mujer fiel atribuida, a lo largo de los tiempos, a Penélope. Incluso pondría en entredicho el fin esencial de "La Odisea”, en el que Odiseo, con la ayuda de su hijo Telémaco y de sus fieles seguidores da muerte a todos los pretendientes de su esposa y se reúne con ella, tras veinte años de ausencia. De hecho, "La Odisea” finaliza con el ensalzamiento de las proezas del héroe y de los valores familiares, mensaje éste que confería a la obra gran valor moral a ojos de los antiguos griegos.

Pero además Pan no será el único hijo de Hermes que sea decisivo para interpretar algún acontecimiento mitológico. Concretamente la relación amorosa que mantendrá este dios con Afrodita determina el nacimiento de Hermafrodito. Según algunas versiones, este joven fue amado apasionadamente por una ninfa acuática llamada Salmacis. Él intentó evitarla, pero cuando se sumergió sin saberlo en el arroyo en el que vivía la ninfa, ésta le abrazó hasta que se fundieron. Mientras agonizaba Hermafrodito rogó que cuantos entrasen en aquel arroyo adquiriesen atributos masculinos y femeninos y de ahí derivó el actual significado de la palabra “hermafrodita”.

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