Diario de una were II

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Diario de una were II

Mensaje  Miquemou el Dom Ago 15, 2010 4:32 am

Miquela comenzó su caminata, no había tiempo para el dolor. Ninguno.
Ella pensaba que mientras más rápido caminara podría dejar atrás sus penas, pero a los minutos se descubrió pensando en Ariel, en su sonrisa, en la forma en que la miraba. Dioses, ella había amado a ese ingrato.
Mientras se acomodaba un mechoncito de pelo tras la oreja juró que pudo imaginarlo parado frente a ella, en su forma humana. Alto como pocos, de hombros anchos y bronceados, brazos especializados en dulces abrazos, con un tatuaje con su nombre, caderas estrechas y una cara de ángel. De mandíbula cuadrada pero fina, pómulos siempre acompañados por su sonrisa pura y blanca, su nariz respingada que hacía un movimiento raro cuando se reía, sus ojos marrones inteligentes, su boca suave que siempre tenía besos y palabras tiernas para ella y su pelo rizado y castaño. Pero lo que más extrañaba era el sonido de su perfecta risa, ronca y grave. Que hacía un ruidito particular cuando estaba realmente riendose.
Ariel. Su Ariel.
Una lágrima cayó por su ojo izquierdo, rodó por su mejilla y quedó indesisa de caer por su barbilla. Con el dorso de la mano se secó y al sentir la mano, pudo sentir la mano masculina. ¿Acaso todo tenía que hacerla recordarlo?
Miró sus pies desnudos, heridos, y pensó en todas las veces que él la había curado y atendido. En las veces que había lamido cuidadosamente las cortadas y repitiéndole que era hermosa y que todo pasaría. Que mataría por ella.
Y por Trew también. Eso había olvidado decirle.
Lo que más le dolía no era su traición. Ella lo hubiese perdonado.
Era que no hubo duda al atacarla, ni rastro de pena o amor. Sed de sangre, sólo eso vió.
Y ella le había entregado su corazón.
A la mierda con Ariel. Estaba muerto, y ella lo había matado.
Cerró los ojos y se concentró, tenía que ser astuta y pensar que tenía que llegar a algún lugar.
Tocó su estómago. Rugía.
-Joder! No he comido nada en días.
En el camino comió bayas y cosas por el estilo.
Conjuró ropa al ver que estaba aún desnuda, si una mujer la veía se horrorizaría. Si un hombre la veía se le tiraría encima. Si un niño la veía ella se sentiría culpable por pervertirlo de aquel modo.
Miró a su alrededor..
-Uhmm..árbol, árbol, sol, cielo, arbusto, ciudad, planta..Espeeeereme señora!..CIUDAD!
Y echó a correr, el cabello largo se movía de un lado a otro, las mejillas estaban subidas de tono, los labios jadeantes y el corazón latiendo fuerte. Sentía en los oídos el latido rápido y exigente. Inflexible.
Las botas hacían un sonido al pisar las hojas secas, las caderas se contoneaban como con una doble articulación y el pecho subia y bajaba por la respiración cansada.
-Civilización!
Ella nunca había sabido donde vivía, donde quedaba su manada. Era totalemente regida por los superiores, y éstos se guardaban ciertos detalles.
Sus grandes ojos verdes lanzaban chispas, se detuvo en seco cuando vió que la ciudad que veía lejana se extendía a su alrededor..miró un cartel con ojos asombrados y una gigantesca sonrisa. Y contempló el letrero, para quedadamente decir:
-Nueva York


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Llegada a la ciudad Smile Capítulo 2

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