Sísifo *Mito*

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Sísifo *Mito*

Mensaje  Invitado el Lun Mar 30, 2009 5:43 pm

Ninguna ciudad fue tan ilustre, en la antigua Grecia, como Corinto. Su privilegiada situación, lugar de paso obligado para adentrarse en la región del Peloponeso y para llegar, por tanto, hasta Esparta, contribuyó a que Corinto gozara de merecida fama entre la aristocracia y las gentes ricas de la antigüedad clásica, quienes hacían sus reuniones en tan suntuosa urbe. Uno de los más bellos y consistentes órdenes arquitectónicos fue creado en Corinto. Lo mismo cabe decir de la escultura; de aquí surgió la medida proporcional, perfecta y canónica, para aplicar a estatuas y figuras. La riqueza de sus monumentos, el estilo de sus edificaciones y la suntuosidad de sus altares consagrados a la diosa Afrodita, protectora de la ciudad, hacían de Corinto la más idílica de las ciudades de la época clásica. Fue, al propio tiempo, cuna de héroes legendarios tales como Sísifo y Belerofonte.

Astucia y sabiduría fueron dos de las cualidades con que se adornaba el legendario héroe Sísifo. Su propio nombre proviene del término griego "sofos", que significa "sabio". Para todo hallaba solución y remedio, debido a sus habilidades y tretas. A él se le atribuye la fundación de la ciudad de Corinto y, dado que ésta se hallaba situada en un istmo angosto, Sísifo lo tapió para, así, controlar a todo aquel que necesitara pasar por aquel territorio y cobrarle como una especie de derecho de peaje. En otra ocasión, cuentan los narradores de mitos que los manantiales de Corinto se secaron por falta de lluvia y, entonces Sísifo, se dirigió al dios-río Asopo para que proveyera de agua a Corinto. Como éste se hallare apenado a causa del reciente rapto de su bella hija Egina, apenas se percató de la petición de Sísifo. Pero el astuto rey de Corinto reveló al angustiado padre el nombre de quien le había robado a su hija; se trataba, nada menos, que del poderoso Zeus. Asopo, agradecido por la información que Sísifo le había proporcionado, hizo brotar un manantial de agua cristalina en el lugar que, desde entonces, se conoció como la "fuente de Pirene". Acto seguido se dirigió al bosque señalado por su informante y halló abrazados a su hija Egina y a Zeus. El rey del Olimpo se transformó en roca para huir de la ira del padre de la muchacha y, en cuanto le fue posible, recobró su poder y sus rayos y los lanzó contra el dios-río Asopo. Desde entonces, el caudal de éste es mínimo y sus aguas arrastran restos de carbón quemado que, cual incómodos testigos de una refriega, se encuentran depositados en el lecho del río.

Sísifo tenía por vecino a un personaje que presumía de listo y que valoraba el hurto y el ingenio sobre cualesquiera otras cualidades. En cierta ocasión robó varios animales de la cabaña del fundador de Corinto y, así, demostró quién de los dos era más pícaro. Pasó un tiempo prudencial y, Autólico, que así se llamaba el vecino de Sísifo, quiso repetir su hazaña, y otra vez volvió a llevarse parte del rebaño de Sísifo. Más, en esta ocasión, el astuto Sísifo había marcado todas las pezuñas de sus animales con la singular leyenda "me ha robado Autólico". Y, de este modo, demostró a su vecino que las reses que le reclamaba eran suyas. Admirado Autólico de la artimaña utilizada por Sísifo no tuvo inconveniente en ofrecerle un especial presente. Se trataba de su propia hija que, por entonces, se hallaba comprometida con Laertes. Pero Autólico obraba así en su propio interés, pues se proponía tener un nieto perspicaz y espabilado como su vecino Sísifo. La leyenda cuenta que el fruto de tan irregular unión fue el héroe Odiseo.

La tradición clásica nos habla también de las malas relaciones entre Sísifo y su hermano Salmoneo. Tanto se odiaban que Sísifo fue a consultar al oráculo para que le mostrara la manera más eficaz de infligirle cruel daño, o incluso causarle la muerte. La pitonisa del oráculo le informó que debería yacer, después de seducirla, con la esposa de su hermano.

Los hechos hasta aquí expuestos son una prueba fehaciente de la culpabilidad de Sísifo, al gozar de los encantos de su propia cuñada. Por eso se le condenó a un duro trabajo: debería cargar para siempre con una roca de enormes dimensiones y llevarla hasta la cumbre de una montaña situada en el Tártaro, al llegar arriba, la roca resbalaría montaña abajo y Sísifo debería bajar a buscarla para cargarla de nuevo sobre sus hombros y subirla otra vez hasta lo alto de la montaña. El resultado no tendría variación alguna y tantas veces como subiera Sísifo con la roca a la cumbre de la montaña, otras tantas rodaría aquélla hasta abajo, con lo cual Sísifo estaba condenado a un trabajo inútil. La tradición explica que este doloroso proceso quedó interrumpido en aquella ocasión en que el mundo subterráneo recibió la visita de Orfeo que, fervientemente enamorado, penetró en el Tártaro en busca de su querida Eurídice, y entonó un canto melodioso.

Otras versiones explican que este castigo tan ejemplar fue ideado por Zeus. El poderoso rey del Olimpo, en cuanto se enteró de que Sísifo le había denunciado ante el dios-río Asopo como el raptor de su hija, la bella ninfa Egina, condenó a Sísifo a cargar la pesada piedra, y a subirla pendiente arriba, de manera continua. En todo caso, se dice que Zeus había enviado a Sísifo ante Tánato, hijo de la Noche y mensajero, si no personificación, de la Muerte, para rendir cuentas de sus actos. Pero el osado fundador de la rica ciudad de Corinto encadeno a la misma Muerte y tuvo que acudir el propio Zeus a liberarla. Durante el tiempo que permaneció maniatado Tánato por Sísifo, a ninguna criatura le sobrevino la Muerte; semejante hazaña nunca fue igualada por persona alguna. Y, al menos en una ocasión, puede decirse que el ingenio y el atrevimiento de Sísifo redundó en bien de la humanidad ya que, anulada la Muerte, se prolongó la vida.

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